Texto por Lidia Gabriela García

Cualquier gato puede trepar árboles, pero sólo una especie está totalmente especializada a la vida en las alturas: El tigrillo (Leopardus wiedii) (Fig. 1). Su cuerpo está adaptado a dormir, comer y moverse entre los troncos y el follaje, y pueden descender de los arboles mirando hacia abajo gracias a sus tobillos que pueden girar en un ángulo de hasta 180°. Su cuerpo mide hasta 55 cm. de largo, y poseen una cola larga que llega a medir casi lo mismo que su cuerpo: hasta 40 cm., la cual les permite mantener el equilibrio.

Figura 1. Tigrillo sobre las ramas de un árbol (Fuente: ARKIVE)

Todos los gatos pertenecen a la Familia Felidae y los tigrillos se encuentran en el género Leopardus, el cual es endémico de América, es decir sólo vive en nuestro continente. En México sólo viven dos de las diez especies: El tigrillo arborícola L. wiedii y el ocelote L. pardalis, que puede subir árboles, pero más bien es de hábitos terrestres. Ambas especies se parecen por el patrón de manchas es similar, tanto así, que aún para los especialistas es difícil diferenciarlas en fotografías (Fig. 2) o videos, los cuales son los métodos más utilizados para estudiarlos actualmente (Leer: Guía para principiantes en la selva y Fauna en las alturas)

Si te encuentras uno en el campo una manera de distinguirlos es por su tamaño (los tigrillos adultos son apenas un poco más grandes que un gato doméstico, pesan alrededor de 5 kg y los ocelotes son más grandes, pueden llegar a pesar 10 kg). Además, los tigrillos tienen la cola larguísima que parece que arrastran por el suelo. En cambio, la cola de  los ocelotes es pequeña, apenas roza el suelo o no lo toca. Los ojos de los tigrillos son claramente más grandes que los de los ocelotes ya que, por sus hábitos nocturnos, necesitan tener una mejor visión en la oscuridad, mientras que los ojos de los ocelotes son más pequeños porque son principalmente diurnos. Las orejas de los tigrillos también suelen ser más redondeadas que las de los ocelotes quienes las tienen ligeramente puntiagudas. Los tigrillos viven en nuestro continente, desde el norte de México, hasta el sur de Brasil. Debido a esta amplia distribución su estado de conservación según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) es de Casi amenazado (Nt, por sus siglas en inglés). Sin embargo,  sus poblaciones están disminuyendo y son de densidad baja, viven menos de 5 individuos en un área aproximada de 100 km². Para sobrevivir, cada individuo necesita de áreas conservadas muy grandes, entre 11 y 15 km² (Ver ficha técnica de la CONABIO) , áreas que se están reduciendo cada día más debido a la tala ilegal y/o sobreexplotación de los bosques donde habitan. La Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) indicó que tan sólo en México se pierden aproximadamente 155 mil hectáreas de bosque cada año por la deforestación, o lo equivalente al espacio potencial donde pudieran vivir en promedio 121 tigrillos. Esto presenta un problema grave ya que estos animales dependen de los árboles para sobrevivir. Además, los tigrillos enfrentan otras amenazas como la cacería. En el mercado ilegal cada piel puede alcanzar un valor de hasta $2000 MXN. Por otra parte, en el estado de Oaxaca el consumo de su carne es común y debido a que son pequeños y aparentemente simpáticos se extraen del medio natural para tenerlos como mascotas.

Figura 2: Comparación de las pieles entre tigrillo (izquierda) y ocelote (derecha). Se aprecia la diferencia entre el tamaño corporal y el de la cola. (Fuente: Modificado de Mickey Bohnacker, [Dominio Público], via Wikimedia Commons.)

Se sabe poco de la historia natural de la especie. La mayoría de los estudios son básicamente menciones notables, para reportar avistamientos en lugares donde no se habían registrado antes, o como parte de listados para describir la diversidad de mamíferos de regiones específicas. Es de notar que la mayor parte del conocimiento biológico de la especie se ha obtenido a través de observaciones en cautiverio, de tal manera que es grande el vacío de información sobre la especie. Lo poco que se sabe compite en desinformación con el primer lugar: el Leoncillo Puma yagouaroundi, el felino menos estudiado de México.

Actualmente, y gracias a la tecnología moderna, en México y en Sudamérica se han empezado a estudiar más los felinos. De tal manera que es posible obtener más registros y de mejor calidad, que se ha podido documentar su comportamiento, uso de hábitat y coocurrencia con otras especies, entre otros.

Como biólogos nos interesa saber más sobre estos animales, pero mientras se obtiene la información para conocer más a fondo el estado de sus poblaciones y desarrollar mejores estrategias para conservarlos, es importante que como ciudadanos no compremos productos hechos con su piel, pues ninguna forma de aprovechamiento es legal. También podemos contribuir reportando la venta de un individuo, alguna de sus partes o derivados. No dudes en levantar una denuncia mandando un correo a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) a esta dirección de correo: denuncias@profepa.gob.mx o bien a través de su página web. Cuidemos al felino que surca los cielos.

 

<span style=”float: left; padding: 5px;”><a href=”http://www.researchblogging.org”><img alt=”ResearchBlogging.org” src=”http://www.researchblogging.org/public/citation_icons/rb2_large_gray.png” style=”border:0;”/></a></span>