“La verdad a menudo es humorística, simplemente porque suele ser tan rara que nos hace reír”.
– László Feleki –

Ante el aumento de personas dispuestas a rechazar las evidencias científicas, una respuesta de científicos y comunicadores de ciencia es la de duplicar esfuerzos para presentar hechos y datos; sin embargo, esto no parece dar los resultados esperados.

Una vieja idea, bautizada en la década de 1980 como “modelo de déficit de información”, plantea que las personas dudan o desconfían de la ciencia simplemente porque no la entienden, y no la entienden porque les falta información adecuada.

En consecuencia, ese modelo propone que la comunicación de la ciencia tendría que concentrarse en ofrecer información que compense el “déficit de información”, lo que mágicamente atraería al público hacia los temas científicos e influiría en sus opiniones.

Es innegable la importancia primaria de presentar siempre las evidencias que apoyan las declaraciones científicas, pero esto por sí solo no cambia la forma de pensar de las personas, ni ha conseguido aumentar la cantidad de fans de la ciencia.

De hecho, los datos correctos les interesan casi exclusivamente a quienes, en principio, ya estaban interesados, pero no a aquellos que prefieren mantener sus creencias previas, incluso frente al peso de las pruebas, lo que a menudo tiene que ver con el apego emocional que sienten por ellas.

Actualmente, los comunicadores de ciencia tenemos claro que es necesario hacer algo más que sólo informar; hay que buscar otros caminos para capturar la atención de la gente, incluso apelando a sus emociones.

Eso no significa abandonar los hechos y las evidencias para venderles la ciencia como el “producto maravilla”, sino formular los mensajes de manera que resuenen con sus emociones… que atrapen su atención.

Una herramienta es el humorismo.

El humor predispone

En su ensayo “Keeping Up with Science” (“Mantenerse al día con la ciencia”), una adaptación de su artículo publicado en 1969 para la revista Impact of Science on Society, el escritor satírico László Feleki exploró el papel del humor en la ciencia como una especie de mecanismo de defensa para enfrentar el vertiginoso avance de la tecnología en la sociedad moderna.

“Con la invención de la máquina de vapor (…) un admirable descubrimiento ha seguido a otro. Actualmente, ningún cerebro humano es capaz de comprender el conjunto de toda la ciencia… Nuestra vida se ha vuelto tan mecanizada y electronificada que es necesario algún tipo de elíxir para hacer todo esto llevadero. Y ¿cuál es ese elíxir si no el humor? Para el presente y futuro de la humanidad es decisivo que el humor y la ciencia puedan seguirse el paso…”

Sus palabras son aún más significativas en el actual mundo de la computación cuántica, las impresoras en 3D (tercera dimensión), las teorías de cuerdas con múltiples dimensiones y los organismos genéticamente modificados.

Por fortuna, los humanos comenzamos a desarrollar el sentido del humor desde muy pequeños. A las seis semanas de edad, un bebé puede sonreír o reír como respuesta a un estímulo, y a los siete meses es capaz de repetir, de manera deliberada, comportamientos que provoquen risas, como una cara graciosa o el juego de “¿dónde está el bebé?”

La risa es universal, existe en todas las culturas, y se ha observado una respuesta similar a la risa humana en ratas, chimpancés y bonobos.

Desde un punto de vista evolutivo, es posible que la risa, y el humorismo, sean importantes adaptaciones que facilitan la comunicación social, pues tienen una naturaleza contagiosa que permite abrigar una sensación de comunidad, y son muy útiles para aliviar los momentos de tensión social.

Además, a nivel fisiológico, el sentido del humor reduce la segregación de cortisol, una hormona del estrés, y parece reforzar los sistemas inmunológico, endocrino y cardiovascular.

La profesora Sarah Henderson señala que, en esencia, el humor activa nuestro sentimiento de asombro, “que es donde comienza el aprendizaje”. Al mismo tiempo, enciende el centro de recompensa del cerebro, lo que a su vez produce dopamina, un neurotransmisor que participa tanto en la motivación como en la memoria.

En suma, el humor puede predisponernos para prestar atención, ventaja que complementa felizmente con su poder para promover la retención de nueva información.

El chiste es recordar

En 2016, Stanislava Stoyanova, y colegas de South-West University ‘Neofit Rilski’, en Bulgaria, estudiaron la relación entre el humorismo y la memorización, con cuatro experimentos en los que participaron 48 estudiantes voluntarios.

En particular, los participantes debían recordar tres cuentos o chistes, así como un texto corto que evocaba admiración y respeto, en términos más abstractos.

Sus resultados indicaron que, además de asociar el humorismo con significados y emociones positivas, los participantes recordaban mejor la información concreta (los chistes) que el texto abstracto.

De manera más específica, recordaron con mayor facilidad los chistes que consideraron graciosos, incluso 15 días después de haberlos escuchado. ¿Pueden adivinar cuál les pareció más divertido?

  • Una persona confiesa que, cuando bebe, ya no le quedan fuerzas para trabajar. Por lo tanto, decide dejar de… trabajar.
  • Un boxeador faltó a su entrenamiento durante tres días y sus compañeros comenzaron a preocuparse. Al tercer día apareció, y les explicó que había estado armando un rompecabezas. Se tardó tres días, pero estaba feliz, porque en la caja decía “De 3 a 5 años”.
  • Minutos antes de comenzar un examen, el profesor inquirió a sus alumnos si tenían alguna duda. Un estudiante alzó la mano y dijo: “Sólo una pregunta, ¿para qué materia es este examen?”

Los investigadores concluyeron también que la mayoría de las personas recuerda mejor la información a la que le encuentra sentido, y que es más probable que capturen la atención y se memoricen mejor los estímulos que tienen mayor contenido emocional, o sean más pertinentes para realizar una tarea, que aquellos neutros.

No obstante, cuando se trata de comunicar un hecho, o un conocimiento científico, entran en juego otros factores. El bloguero y comediante de ciencia Brian Meloy sugiere tener cuidado al bromear sobre hechos científicos y evitar el uso de metáforas demasiado vagas que se presten a confusión.

Sobre todo en algunos temas que no pueden explicarse de manera demasiado simplificada, como los intríngulis de la mecánica cuántica, Meloy recomienda apegarse a los hechos y exponerlos de manera conveniente. Y, si se aplica el humor, hacerlo con claridad.

La ciencia me hace cosquillas

“Ciencia horrible” – Canal Once

Si bien el humorismo funciona en todas las edades, es todavía más útil con niños y jóvenes, generalmente dispuestos a encontrarle el lado lúdico a todo.

Un ejemplo inolvidable de ciencia divertida para chicos (medianos y grandes) fue El mundo de Beakman, un programa estadunidense que transmitió en México Canal Once durante varios años. Curiosamente, se desconocía su impresionante éxito entre el público hasta que su protagonista (Paul Zaloom) visitó la UNAM, hace unos años, causando furor en los jóvenes que habían seguido la serie desde su infancia.

Otro programa, más reciente e igualmente producido en Estados Unidos, es Ciencia horrible, estrenada este año también por Canal Once, donde un cerebro parlante, un robot, un profesor microscópico y la productora, explican conceptos relacionados con diferentes áreas de la ciencia, en un hilarante tono cercano al absurdo, pero de manera clara y apegada a los hechos científicos.

Isaac Asimov, tan buen novelista como divulgador, escribió que “la frase más emocionante que podemos escuchar en ciencia, aquella que anuncia nuevos descubrimientos, no es ¡eureka!, sino ¡eso es divertido!

Claro que no todos estamos hechos para arrancar carcajadas y dar una explicación inteligible… simultáneamente.

Aunque hay científicos y comunicadores que son naturalmente divertidos y que combinan maravillosamente humorismo y claridad, como el argentino Diego Golombek, y los mexicanos Sergio de Régules (Revista ¿Cómo ves? – UNAM) y Miguel García Guerrero (Universidad Autónoma de Zacatecas), el resto de los mortales podemos recurrir a otras herramientas, como videos, imágenes o tiras cómicas.

O… elegir una ruta diferente, que puede ser la de aprovechar la belleza que la ciencia y muchos de sus objetos de estudio ofrecen a quienes están dispuestos a buscarla.

Pero de eso hablaremos en otra ocasión.

Verónica Guerrero Mothelet (paradigmaXXI@yahoo.com)

 Fuente:
Stoyanova, S. (2016). A series of experiments on humour perception and memorization – a case of humour associations and remembering humorous stories The European Journal of Humour Research, 4 (2) DOI: 10.7592/EJHR2016.4.2.stoyanova
 

 Información adicional:

Did Early Humans have a Sense of Humor?

Humor para divulgar la ciencia

Improbable Research

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